Es el
último día del año y faltan pocas horas para dar paso al nuevo año. Simón jugaba con los demás niños, mientras
las familias del barrio ultimaban con entusiasmo los últimos detalles de la
celebración. En casa de Simón se reúne toda
la familia. Abuelos, padres, hermanos, tíos
primos y algunas otras personas que no conoce.
El ambiente es de fiesta total. A su corta edad él solo entendía que, esa alegría hacía que todos estuvieran de buen carácter, de buena disposición para la ocasión. Agrupados por afinidades los más viejos deleitan a los demás con sus anécdotas, mientras que los adultos brindan dando vivas por el nuevo año. Los jóvenes y niños de un lugar a otro buscan en sus juegos la prolongación de ese momento. En resumen, todos están impacientes por escuchar las campanadas de la también vieja iglesia.
El ambiente es de fiesta total. A su corta edad él solo entendía que, esa alegría hacía que todos estuvieran de buen carácter, de buena disposición para la ocasión. Agrupados por afinidades los más viejos deleitan a los demás con sus anécdotas, mientras que los adultos brindan dando vivas por el nuevo año. Los jóvenes y niños de un lugar a otro buscan en sus juegos la prolongación de ese momento. En resumen, todos están impacientes por escuchar las campanadas de la también vieja iglesia.
En un
rincón de uno de los ambientes, se encuentra sobre un sillón un muñeco hecho de
papeles y trapos viejos con un cartel en su pecho que dice “2013”. Comienzan a llamar a los niños de la familia
para proceder a servirse en la mesa y todos ellos se dirigen al baño para lavarse
las manos. Simón a su paso, se percató
de la presencia de un viejo sentado en un rincón, que no era otro que un muñeco
de trapo y papel. En su inocencia, la
imagen de un anciano le pareció tan real, por lo que se acercó a contemplarlo
con detenimiento.
–
¿Cómo te llamas? –
preguntó el niño.
El muñeco
de trapo y papeles viejos cobro vida.
Levantó la mirada hacia Simón y con una tierna sonrisa le respondió:
–
Me llamo Dos mil
Trece. ¿Y tú?
- Simón
– Un placer el conocerte, Simón
– Un placer el conocerte, Simón
Ambos se
miraban fijamente. Simón quería hablarle, pero no sabía que decirle, cuando de pronto
balbuceo.
–
¿Por qué estás
aquí solo?
–
Estoy en plan de
espera, que por cierto no es mucho lo que queda por esperar.
–
¿y qué cosa esperas?
–
Como todos, las
doce campanadas de la iglesia.
–
¿y para qué?
–
Para irme de
viaje.
–
¿A dónde?
–
A donde están mis
familiares, otros años que pasaron igual que yo.
–
¿Dónde se
encuentran ellos ahora?
–
Ni yo mismo lo sé.
–
No te entiendo,
pero no quiero que este solo y triste ya que hoy es día de fiesta.
–
No te preocupes,
es solo la nostalgia de recordar como hace poco yo era el esperado. Claro que también siento alegría por 2014
quien es el que va a ocupar mi lugar.
–
¿y él también es
viejo como tú?
–
No, él es jovencito, es un poquito más moderno que
yo y sobre todo viene cargado de muchas expectativas.
–
¿y va regalar todas
las expectativas?
–
No eso no se
regala, eso se da en el momento adecuado y oportuno. Para unos las expectativas serán buenas y
para otros quizás no. Es por eso que todos tienen buenos deseos para
tener las mejores. Unos comerán uvas, otros
darán la vuelta a la manzana o correrán con una maleta. Pero yo te quiero
aconsejar que le pidas a Dios por las que te van a tocar, recuerda que él es el
único que decide en esta repartición y es quien convierte las expectativas en
realidad. Dentro de poco me iré y gritaré de felicidad, recuerda que en cada
cohete que escuches, seré yo quien me estaré despidiendo de todos ustedes.
El nombre se Simón se escuchó fuerte y el niño dejó al
anciano para dirigirse a la mesa. Simón
comenzó a contar la conversación que tuvo con sus hermanos y primos, quienes
escuchaban absortos el relato. Fue tal
la intensidad de su versión que decidieron
esperar el momento de esa partida. Los
niños de la familia incluyendo Simón se sentaron cerca al muñeco para esperar ese
momento. Sonaron las doce campanadas y entre jóvenes y adultos cargaron al
muñeco y lo pusieron frente a la casa.
Inmediatamente, le prendieron fuego y comenzaron a detonar los cohetes y
cohetecillos que llevaba dentro el muñeco.
El fuego consumió los trapos y papeles viejos ante la algarabía de los
más grandes y la tristeza de los niños. Simón
no vio llegar al “2014”, todos hablaban de él, pero no lo veía como vio al
anciano. No veía a ese joven que traía
las expectativas. Se fue a dormir
apenado, por el viejo que se fue, por el joven que no vio llegar y mientras rezaba le pidió a Dios que entregué
solo buenas nuevas y las haga realidad para cada uno de los seres del
mundo.
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Veo al viejo que
se va
Y veo llegar
al año nuevo
Avanza el
tiempo y compruebo
Que nada lo
evitará
El año viejo partirá
Sin que nada
lo destaque
Y cuando las
doce lo opaque
Con ese
último segundo
Despediré al
moribundo
Mirando el
almanaque
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El viejo año se
alejará
Poco a poco
del presente
Y en el
mundo, la gente
Noche y día
celebrará
Fantasías con
realidad
Verdades con engaños
Nada de este
mundo extraño
Nos puede ya
sorprender
Solo guardo en
mi querer
Para todos “un
feliz año”
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Que Dios les
de prosperidad
Cargado de
expectativas
Todas ellas
positivas
Y también seguridad
A toda esa
hermandad
De familiares
y amigos
tengan
siempre consigo
Amor, paciencia
y mucha fe
Por Ustedes hoy
rezaré
Que Dios los
tenga consigo
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