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martes, 31 de diciembre de 2013

QUE DIOS LOS BENDIGA, FELIZ AÑO 2014

Es el último día del año y faltan pocas horas para dar paso al nuevo año.  Simón jugaba con los demás niños, mientras las familias del barrio ultimaban con entusiasmo los últimos detalles de la celebración.  En casa de Simón se reúne toda la familia.  Abuelos, padres, hermanos, tíos primos y algunas otras personas que no conoce. 
El ambiente es de fiesta total.  A su corta edad él solo entendía que, esa alegría hacía que todos estuvieran de buen carácter, de buena disposición para la ocasión. Agrupados por afinidades los más viejos deleitan a los demás con sus anécdotas, mientras que los adultos brindan dando vivas por el nuevo año.  Los jóvenes y niños de un lugar a otro buscan en sus juegos la prolongación de ese momento. En resumen, todos están impacientes por escuchar las campanadas de la también vieja iglesia.
En un rincón de uno de los ambientes, se encuentra sobre un sillón un muñeco hecho de papeles y trapos viejos con un cartel en su pecho que dice “2013”.  Comienzan a llamar a los niños de la familia para proceder a servirse en la mesa y todos ellos se dirigen al baño para lavarse las manos.  Simón a su paso, se percató de la presencia de un viejo sentado en un rincón, que no era otro que un muñeco de trapo y papel.  En su inocencia, la imagen de un anciano le pareció tan real, por lo que se acercó a contemplarlo con detenimiento.   
     ¿Cómo te llamas? – preguntó el niño.
El muñeco de trapo y papeles viejos cobro vida.  Levantó la mirada hacia Simón y con una tierna sonrisa le respondió:
     Me llamo Dos mil Trece. ¿Y tú?
-     Simón
  Un placer el conocerte, Simón
Ambos se miraban fijamente. Simón quería hablarle, pero no sabía que decirle, cuando de pronto balbuceo.
     ¿Por qué estás aquí solo?
     Estoy en plan de espera, que por cierto no es mucho lo que queda por esperar.
     ¿y  qué  cosa esperas?
     Como todos, las doce campanadas de la iglesia.
     ¿y para qué?
     Para irme de viaje.
     ¿A dónde?
     A donde están mis familiares, otros años que pasaron igual que yo.
     ¿Dónde se encuentran ellos ahora?
     Ni yo mismo lo sé.
     No te entiendo, pero no quiero que este solo y triste ya que hoy es día de fiesta.
     No te preocupes, es solo la nostalgia de recordar como hace poco yo era el esperado.  Claro que también siento alegría por 2014 quien es el que va a ocupar mi lugar.
     ¿y él también es viejo como tú?
     No,  él es jovencito, es un poquito más moderno que yo y sobre todo viene cargado de muchas expectativas.
     ¿y va regalar todas las expectativas?
     No eso no se regala, eso se da en el momento adecuado y oportuno.  Para unos las expectativas serán buenas y para otros quizás no.   Es por eso que todos tienen buenos deseos para tener las mejores.  Unos comerán uvas, otros darán la vuelta a la manzana o correrán con una maleta. Pero yo te quiero aconsejar que le pidas a Dios por las que te van a tocar, recuerda que él es el único que decide en esta repartición y es quien convierte las expectativas en realidad. Dentro de poco me iré y gritaré de felicidad, recuerda que en cada cohete que escuches, seré yo quien me estaré despidiendo de todos ustedes.
 
El nombre se Simón se escuchó fuerte y el niño dejó al anciano para dirigirse a la mesa.  Simón comenzó a contar la conversación que tuvo con sus hermanos y primos, quienes escuchaban absortos el relato.  Fue tal la intensidad de su versión que  decidieron esperar el momento de esa partida.  Los niños de la familia incluyendo Simón se sentaron cerca al muñeco para esperar ese momento. Sonaron las doce campanadas y entre jóvenes y adultos cargaron al muñeco y lo pusieron frente a la casa.  Inmediatamente, le prendieron fuego y comenzaron a detonar los cohetes y cohetecillos que llevaba dentro el muñeco.  El fuego consumió los trapos y papeles viejos ante la algarabía de los más grandes y la tristeza de los niños.  Simón no vio llegar al “2014”, todos hablaban de él, pero no lo veía como vio al anciano.  No veía a ese joven que traía las expectativas.  Se fue a dormir apenado, por el viejo que se fue, por el joven que no vio llegar  y mientras rezaba le pidió a Dios que entregué solo buenas nuevas y las haga realidad para cada uno de los seres del mundo. 
 
 

 
Veo al viejo que se va
  Y veo llegar al año nuevo
  Avanza el tiempo y compruebo
  Que nada lo evitará
  El año viejo partirá
  Sin que nada lo destaque
  Y cuando las doce lo opaque
  Con ese último segundo
  Despediré al moribundo
  Mirando el almanaque
 

 
El viejo año se alejará
  Poco a poco del presente
  Y en el mundo, la gente
  Noche y día celebrará
  Fantasías con realidad
  Verdades con engaños
  Nada de este mundo extraño
  Nos puede ya sorprender
  Solo guardo en mi querer
  Para todos “un feliz año”

 
 

Que Dios les de prosperidad
  Cargado de expectativas
  Todas ellas positivas
  Y también seguridad
  A toda esa hermandad
  De familiares y amigos
  tengan siempre consigo
  Amor, paciencia y mucha fe
  Por Ustedes hoy rezaré
  Que Dios los tenga consigo
 
 
 

 

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