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lunes, 22 de diciembre de 2014

EL MINISTRO DEL INTERIOR NO ES POLICÍA


Se viste como policía, pretende hablar como policía, arenga como policía, se cree policía, pero no es policía y su marcado protagonismo entre ser policía y hacer  política, lo único que hace, es crear una imagen negativa tanto para la policía como para el Estado, que es sinónimo de caos social y eso es lo que ha originado.   
Presentarse en el Campo de Marte en donde se venían reuniendo jóvenes activistas para iniciar una marcha en contra de la nueva ley laboral juvenil, fue una actitud irresponsable y lejos de ser apaciguadora, fue tomada como una actitud desafiante del Ministro del Interior.  Esto, solo ha contribuido a enervar el ánimo de los manifestantes que se viene traduciendo en conflictos en las calles hasta altas horas de la noche, cosa que años no se producía. Un ministro que le gusta estar frente a las cámaras, tenía conocimiento que iba a ser entrevistado en el lugar de la concentración, que en ciertos momentos se sintió avasallado por los jóvenes, por lo que se cuidó estar siempre cerca al contingente policial. Si el Ministro del Interior, no conoce cómo se debe afrontar este tipo de situaciones para qué va, exponiéndose  y exponiendo a la policía a situaciones conflictivas. Al final, se retiró al percatarse que su presencia no era de la simpatía de los presentes, ni causaba hilaridad como últimamente lo hacía con sus expresiones sarcásticas, que son realizadas con bastante humor¿?.

Previamente, antes de su desafortunada presencia en el Campo de Marte, dio algunas declaraciones como: que se iba a intervenir a quienes llevarán mochilas, que no se iba permitir manifestantes con el rostro descubierto, pero lo más, patético, fue que dijo que se iba a intervenir y pedir DNI a quienes mostraran “actitud sospechosa”.

El Ministro del Interior, en primer lugar, debe saber que el Policía cuando va a intervenir “no anuncia que va a intervenir”, pues ya no sería intervenir, sino sería simplemente “asistir” y hacer acto de presencia para cumplir una rutina. Toda  intervención se planifica y se guarda con hermetismo y la información se despliega por niveles. Aún, con un plan en proceso, los lineamientos ejecutados son susceptibles a un cambio en el camino por parte del interventor, - que a su criterio, según la situación- modifica en pro del buen resultado que, generalmente, gira en base al respeto y cuidado de la vida  humana. Estoy seguro, dado que ya el Ministro avisó lo de las acciones a seguir, lo más recomendable era no hacer lo que ya dijo, ni menos seguir insistiendo en lo que ya no debía hablar.  En segundo lugar, llevar una mochila no es un motivo para no participar en una marcha, donde se sabía que participarían jóvenes que salen de la universidad, pues la mayor parte de estudiantes lo utilizan. Quizás quien le soplo ese dato, no lo ve con buenos ojos, porque más que una recomendación es una tremenda patinada. El ministro debe revisar sus declaraciones y fijar, por 30 minutos, su mirada atentamente a una “mochila” y luego analizar si hubo necesidad que la nombre. Ni en la época de terrorismo, donde los “terrucos” llevaban sus bombas en mochilas se hizo tal prohibición. Hoy, gracias al Ministro Urresti, se venderán más mochilas por la propaganda que le ha realizado y más de uno le pondrá al muñeco de año nuevo una mochila llena de pirotécnicos.

Finalmente, viene el punto que denomine patético y es la expresión: ACTITUD SOSPECHOSA.  Sabrá el Ministro del Interior en que se fundamenta esa actitud o sabrá definir o establecer cuando estamos en tal situación. Será que una Actitud sospechosa es una persona que mira de reojo, una persona que está mal vestida, una persona que está parada en un solo sitio, una persona que no habla, pero que mira de cuando en cuando, una persona que no se ha afeitado, una persona que tiene le fundillo a la altura de la rodilla, una persona que habla con jergas, una persona que hace señas, una persona que va y viene, viene y va, una persona que marcha, pero no grita, una persona que va a protestar con terno, una persona gringa o uno muy negro, porque quien protesta por lo general es mestizo, una persona que no tiene DNI o alguien que tiene por lo menos dos requisitos de los antes nombrados. Hay muchas variantes que pueden confundir a alguien que no es policía, porque el miembro policial conoce que la actitud sospechosa, parte del policía hacia afuera no al revés, como da a entender el ministro. Es el policía quien va a determinar con sus conocimientos y olfato que una persona está actuando o disimulando sus acciones, cuando ésta sale de los parámetros normales para hacer algo diferente. Es el acto y no el objeto lo que crea la sospecha. Los objetos son indicios que pueden ayudar a tomar una idea, pero el acto confirma y lleva a la intervención.  Un ministro del interior que se presenta a la manifestación frente a cámaras, no es novedoso, pero la actitud de temor en ciertos momentos por la presión de los jóvenes determinó en él una “actitud sospechosa”  que me llevo a pensar que su presencia no fue para apaciguar, sino para amedrentar y al final salió amedrentado. Esto no quiere decir, que por esa actitud sospechosa, el ministro debió ser detenido, aunque fue obligado a retirarse.

Son las 22 horas del 22dic2014, y los jóvenes siguen en la calles y esto es por la actitud provocadora del ministro que ha alimentado esa ira en los jóvenes, que requerían de un rival para demostrar que no se van a rendir tan fácil.  A esta ahora, el titular del interior, sabe que no puede desalojar  a los jóvenes de la vía expresa porque podría ocasionar una tragedia por la cantidad de carros que circulan a alta velocidad.  Hay varias cosas que el ministro debería comprender antes de repetir.  Como el hecho de repetir que la Policía está para “acompañar”.  Habría que decirle que la policía no acompaña una marcha, la policía cumple la labor de evitar que el desorden que se va producir no afecte a las demás personas.  Acompañan las guitarras, acompañan el cajón, se acompañan las parejas y se acompaña a la salida cuando se tiene que salir.