Se viste como policía, pretende hablar como policía, arenga como policía, se cree policía, pero no es policía y su marcado protagonismo entre ser policía y hacer política, lo único que hace, es crear una imagen negativa tanto para la policía como para el Estado, que es sinónimo de caos social y eso es lo que ha originado.
Presentarse en el
Campo de Marte en donde se venían reuniendo jóvenes activistas para iniciar una
marcha en contra de la nueva ley laboral juvenil, fue una actitud irresponsable y lejos de ser apaciguadora, fue tomada
como una actitud desafiante del Ministro del Interior. Esto, solo ha contribuido a enervar el ánimo
de los manifestantes que se viene traduciendo en conflictos en las calles hasta
altas horas de la noche, cosa que años no se producía. Un ministro que le gusta
estar frente a las cámaras, tenía conocimiento que iba a ser entrevistado en el
lugar de la concentración, que en ciertos momentos se sintió
avasallado por los jóvenes, por lo que se cuidó estar siempre cerca al
contingente policial. Si el Ministro del Interior, no conoce cómo se debe
afrontar este tipo de situaciones para qué va, exponiéndose y exponiendo a la policía a situaciones
conflictivas. Al final, se retiró al percatarse que su presencia no era de la
simpatía de los presentes, ni causaba hilaridad como últimamente lo hacía con
sus expresiones sarcásticas, que son realizadas con bastante humor¿?.
Previamente, antes de
su desafortunada presencia en el Campo de Marte, dio algunas declaraciones
como: que se iba a intervenir a quienes llevarán mochilas, que no se iba
permitir manifestantes con el rostro descubierto, pero lo más, patético, fue
que dijo que se iba a intervenir y pedir DNI a quienes mostraran “actitud
sospechosa”.
El Ministro del Interior,
en primer lugar, debe saber que el Policía cuando va a intervenir “no anuncia que
va a intervenir”, pues ya no sería intervenir, sino sería simplemente “asistir”
y hacer acto de presencia para cumplir una rutina. Toda intervención se planifica y se guarda con
hermetismo y la información se despliega por niveles. Aún, con un plan en
proceso, los lineamientos ejecutados son susceptibles a un cambio en el camino
por parte del interventor, - que a su criterio, según la situación- modifica en
pro del buen resultado que, generalmente, gira en base al respeto y cuidado de
la vida humana. Estoy seguro, dado que
ya el Ministro avisó lo de las acciones a seguir, lo más recomendable era no
hacer lo que ya dijo, ni menos seguir insistiendo en lo que ya no debía
hablar. En segundo lugar, llevar una
mochila no es un motivo para no participar en una marcha, donde se sabía que
participarían jóvenes que salen de la universidad, pues la mayor parte de
estudiantes lo utilizan. Quizás quien le soplo ese dato, no lo ve con buenos
ojos, porque más que una recomendación es una tremenda patinada. El ministro
debe revisar sus declaraciones y fijar, por 30 minutos, su mirada atentamente a
una “mochila” y luego analizar si hubo necesidad que la nombre. Ni en la época
de terrorismo, donde los “terrucos” llevaban sus bombas en mochilas se hizo tal
prohibición. Hoy, gracias al Ministro Urresti, se venderán más mochilas por la
propaganda que le ha realizado y más de uno le pondrá al muñeco de año nuevo
una mochila llena de pirotécnicos.
Finalmente, viene el
punto que denomine patético y es la expresión: ACTITUD SOSPECHOSA. Sabrá el Ministro del Interior en que se
fundamenta esa actitud o sabrá definir o establecer cuando estamos en tal
situación. Será que una Actitud sospechosa es una persona que mira de reojo, una
persona que está mal vestida, una persona que está parada en un solo sitio, una
persona que no habla, pero que mira de cuando en cuando, una persona que no se
ha afeitado, una persona que tiene le fundillo a la altura de la rodilla, una
persona que habla con jergas, una persona que hace señas, una persona que va y
viene, viene y va, una persona que marcha, pero no grita, una persona que va a
protestar con terno, una persona gringa o uno muy negro, porque quien protesta por
lo general es mestizo, una persona que no tiene DNI o alguien que tiene por lo
menos dos requisitos de los antes nombrados. Hay muchas variantes que pueden
confundir a alguien que no es policía, porque el miembro policial conoce que la
actitud sospechosa, parte del policía hacia afuera no al revés, como da a
entender el ministro. Es el policía quien va a determinar con sus conocimientos
y olfato que una persona está actuando o disimulando sus acciones, cuando ésta sale de los parámetros normales para hacer algo diferente. Es el acto y
no el objeto lo que crea la sospecha. Los objetos son indicios que pueden
ayudar a tomar una idea, pero el acto confirma y lleva a la intervención. Un ministro del interior que se presenta a la
manifestación frente a cámaras, no es novedoso, pero la actitud de temor en
ciertos momentos por la presión de los jóvenes determinó en él una “actitud
sospechosa” que me llevo a pensar que su
presencia no fue para apaciguar, sino para amedrentar y al final salió
amedrentado. Esto no quiere decir, que por esa actitud sospechosa, el ministro
debió ser detenido, aunque fue obligado a retirarse.
Son las 22 horas del
22dic2014, y los jóvenes siguen en la calles y esto es por la actitud
provocadora del ministro que ha alimentado esa ira en los jóvenes, que
requerían de un rival para demostrar que no se van a rendir tan fácil. A esta ahora, el titular del interior, sabe
que no puede desalojar a los jóvenes de
la vía expresa porque podría ocasionar una tragedia por la cantidad de carros
que circulan a alta velocidad. Hay
varias cosas que el ministro debería comprender antes de repetir. Como el hecho de repetir que la Policía está
para “acompañar”. Habría que decirle que
la policía no acompaña una marcha, la policía cumple la labor de evitar que el
desorden que se va producir no afecte a las demás personas. Acompañan las guitarras, acompañan el cajón,
se acompañan las parejas y se acompaña a la salida cuando se tiene que salir.